domingo 21 de junio de 2009

Se acerca la catástrofe económico-social del milenio.


No, no me he hecho aficionado de los periódicos gratuitos, he estado leyendo la wikipedia. Hace ya años que se habla de que nuestras reservas de petróleo son limitadas, que no podremos vivir para siempre de los combustibles fósiles.


En 1956, un geofísico llamado M. King Hubbert fue capaz de predecir lo que llamó el cénit del petróleo, que viene a decir que llegado cierto punto el gasto energético para extraer el petróleo aumenta demasiado debido a la disminución de las reservas.

"Vaya rollos nos cuenta este tío" - pensaréis. Pues sí, os estoy contando un rollo. Esto es como si os contara el hambre que pasan los niños del tercer mundo, los contagios de SIDA, la crisis económica, las cerdadas que hace el gobierno chino...

Todos estos temas son cada vez más manidos, más comentados y dichos, y se ha generado, en cierta manera, cierta inmunidad. Buscaban que empatizáramos y han conseguido todo lo contrario.

Y es que la clave es que cuando algo no nos importa, no hace falta que nos insistan, seguirá sin importarnos. La triste realidad es que nos es igual que cada segundo muera un niño en el áfrica negra. Nos importa mucho más las degeneraciones que diga el cardenal de turno sobre cuestiones de estado que no le atañen.

La cruda realidad es que a mí, que estoy criticándolo, me pasa exactamente lo mismo. Ya estoy cansado de oír las desgracias ajenas, y aunque eso no implica que no me den lástima, es como si estuviera inmunizado, eso soy yo y casi todo el mundo (podría decir un sonoro porcentaje que reforzara mi argumento, como el 95%, pero sería totalmente inventado).

Si quieres asquear al mundo, enseña a un tipo obeso, asquerosamente rico, bañándose en una piscina en marbella repleta de champán de 2000€ la botella rodeado de unas cuantas putillas que probablemente soñaron con ser modelos. No es de extrañar que algo así nos asquee, es de lo más normal, lo extraño es que no lo haga ver un niño al borde de la inhanición.

Y ahora escribo esto, y tan pancho me quedo con mi portátil, mi blog, mi conexión, mis estudios universitarios fuera de mi isla, mi novia, el cine... cuando no dejan de anunciarme la multitud de catástrofes que se acercan a la vuelta de la esquina para este siglo o incluso década si no hacemos nada para evitarlo.

Y dicho esto voy a hacerme un delicioso cola-cao de marca.




jueves 4 de junio de 2009

Los dogmas de la sociedad actual



La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real. Es un viaje, nunca una llegada.
Karl R. Popper. Filósofo.


Karl R. Popper es el padre de la epistemología moderna (el estudio del conocimiento). En su teoría del conocimiento, consigue diferenciar gracias a la falsabilidad lo que es ciencia y lo que no. Aquello falsable es lo que se puede comprobar que no es cierto. Un ejemplo sencillo sería que yo dijera que mido dos metros, algo completamente falso, pero que es comprobable su validez si se comprueba la medición de mi altura, por tanto falseable.

Todo lo comprobable es por extensión falseable, pero si en la experiencia tenemos 100 experimentos que comprueban una teoría y aparece el 101 que la falsea, esa teoría ya se demuestra fallida (más bien se dice que hay que revisar la teoría).


"Este puto Demóstenes nos está liando con sus chorradas de blogger pedante". Pues es posible, pero he escrito esto por una razón. Lo que quería extraer es la diferenciación entre conocimiento científico y no-científico: Cuando un hecho sea falsable será científico.

En este siglo, el pensamiento imperante entre cada vez mayor cantidad de filósofos de andar por casa es el de que la ciencia es la única forma posible de conocimiento: el cientificismo. Negando toda existencia de algo que no sea, por tanto, falsable. Esta forma de pensar no es más que una de las muchas vertientes del occidentalismo, del que ya hablé con anterioridad (y II).

Esta forma de pensar en sí misma es incoherente, pues no es falsable el que todo el conocimiento que podamos decir que es cierto sea falsable. Dicho de un modo más sencillo, no es demostrable que todo sea demostrable. Con lo que, como consecuencia final, tenemos que no es científico pensar que todo es científico, sino es más bien una forma dogmática de ver la realidad.

"La ciencia es la religión del siglo XXI", es una frase un tanto tópica, pero bastante cierta. No es de extrañar que la ciencia le gane tanto terreno a las religiones clásicas. Surgieron debido a las circunstancias de una época pasada, y para la mayoría de gente no tiene sentido creer en algo que niega las evidencias científicas, o que le busca un significado más profundo como los de la Nueva era (New Age) al estilo Deepak Chopra.
El auge de la ciencia no sorprende a nadie, y es que es más fácil convencer a la gente cuando hay evidencias reproducibles de que el conocimiento científico tiene mayor validez que, por poner un ejemplo, el cristianismo.

En el clásico ejemplo de la creencia en Dios podemos ver el resumen de las diferentes posturas, las formas de ver la realidad. Por un lado tenemos el pensamiento tradicional, el creyente; en el lado contrario tenemos al cientificista, que asegurará con total seguridad que Dios no existe, y por último tenemos al científico, que se declarará agnóstico, ya que la existencia de algo metafísico no es falsable.

Quiero aclarar que no estoy haciendo apología de ninguna de las tres vías de pensamiento. Yo me declaro ateo, y más bien cientificista, aunque no creo que la ciencia actual, no por el nivel de profundidad alcanzado sino por sus métodos, sea nuestra única solución (aquí hablé del tema) para llegar al conocimiento de la realidad. Lo que quería dejar claro con esta entrada es que para declararse de una vía que no sea la agnóstica hay que tener , aunque a muchos nos cueste reconocerlo.

(a que mola el montaje? xD)

viernes 22 de mayo de 2009

10 excusas por las que no he actualizado el blog en un mes

  • He estado muy ocupado.
  • Estudio tanto que luego no sé sobre qué escribir.
  • Cada vez que intento escribir una entrada veo un mono de tres cabezas.
  • Las voces de mi cabeza me dicen que no lo haga.
  • Evitar el caos en la red que provocaría la publicación de la entrada super increíblemente molona que tengo en mente.
  • Me gusta haceros esperar. Así mis actualizaciones llegan con más expectación.
  • Ahora que no tengo tele, no me viene la inspiración, porque la televisión favorece a la imaginación.
  • El anterior diseño no me estimulaba para actualizar.
  • La única entrada que he escrito es sobre la relatividad especial de A. Einstein, y me da pereza pasar las fórmulas a formato de imagen para publicarlas por aquí. Y sí, ésta es cierta.
  • And last, but not least, porque quería hacer una entrada (o salida, como diría un buen amigo) guay, y lo único que se me ha ocurrido tras un mes entero sin actualizar ha sido esto.

sábado 18 de abril de 2009

Camino a la madurez

Es parte del camino del ser humano la maduración. El crecimiento de nuestro carácter, la evolución de nuestras reacciones a lo que creemos que debemos aspirar como personas.

¿Cuándo podemos considerar que alcanzamos la madurez? Las personas tenemos una evolución constante, y la vida no se ve igual con 40 años que con 70. Decir lo que es la madurez es algo complicado, la inmadurez es muchísimo más sencillo.

La inmadurez implica darle demasiada importancia a cosas nimias, a reaccionar exageradamente, a no saber afrontar problemas de la vida cotidiana y, en definitivas cuentas, a creerse el ombligo del mundo. Esto no es más que un tipo de inmadurez, aunque éste es el más molesto. Una definición más amplia sería la de seguir arrastrando los típicos defectos de la infancia, véase el narcisismo, la estupidez, la pasividad y supongo que otras más que ahora mismo no me vienen a la cabeza.

Otra gente podría daros otras definiciones de inmadurez, pero no aceptaré las que implican unos gustos supuestamente infantiles. Un hombre de 50 años puede pasarse las horas libres jugando a pokémon, y aunque suene un poco ridículo (no negaré eso), no tiene por qué ser un hombre menos maduro que el que se pasa el día mirando el Discovery Channel.

La madurez no depende de la cultura, si no de la actitud. De conocerse a uno mismo, ser consciente de nuestros defectos, de saber que, aunque hay cosas que son difíciles de cambiar, lo mejor que se puede hacer es no rendirse y seguir intentando superarse a uno mismo. Conozco gente que dice de sí misma "soy así, ya no puedo cambiar", como razón única por la que darles cuartel. Quizá alguien pueda sentirse identificado con esta frase y me proteste, pero si uno se identifica un defecto que al menos intente paliarlo, que parece que hay quien se enorgullece, no me parece una actitud madura.

Con esto no me estoy poniendo como ejemplo de madurez, no me considero un niñato pero soy consciente de que tengo cosas que mejorar y pulir, quiero seguir cambiando a mejor día a día. Aclaro esto porque ya sé que teniendo un blog ya se me exige un cierto nivel de prepotencia, ¡pero tampoco tanto!


viernes 20 de marzo de 2009

Una bonita historia

Ha sido un largo camino. Mucho tiempo esperando, muchas tentativas y muchos deseos. Muchas ganas de llegar.

Ya no hay botellas vacías, la botella se ha llenado a rebosar del agua más fresca y clara, un contenido del que nunca me llegaría a cansar.

Todo empezó con una bonita amistad. Pero era una amistad desequilibrada, es lo que ocurre cuando a uno de los dos le apetece tener algo más.

Ella sabía que él tenía muchas cualidades interesantes, él simplemente sabía que esa chica tenía que ser suya. Quizá fuera algo más profundo, pero por aquel entonces era soportable.

Pasado el tiempo la amistad se hizo más y más estrecha y él se dio cuenta de que la necesitaba más de lo que se podía necesitar a una amiga. Pero no era correspondido, aún así decidió que tenía que decirlo, por alguna extraña razón sentía que tenía que decirlo.


Ella no se lo esperó, se sorprendió, pero con el paso de las semanas empezó a pensar que quizá sería algo que valdría la pena, y cuando se abrió al sentimiento y a la ternura se dio cuenta de que tenía que haber algo más.

Y ahora soy el hombre más afortunado del mundo.

sábado 7 de marzo de 2009

El universo no-matemático: La realidad no mesurable.

En nuestra forma de hacer ciencia, como herencia de los griegos, tenemos la costumbre de utilizar para ello una importantísima herramienta: la matemática. No se puede negar su utilidad, con las matemáticas y los instrumentos de medición hemos avanzado tecnológicamente, sin ellas no seríamos lo que somos.

Pero a veces pienso que quizá delegamos demasiada responsabilidad a una herramienta. Es como pretendes arreglar un reloj con un gran set de destornilladores de precisión. Nos faltarán los alicates. Quizá ésta sea una comparación estúpida, las matemáticas son muy amplias, hay mucha gente trabajando en ellas, ampliándolas cada día más y más, pero aún así hacemos ciencia, sobre todo física que se quiera o no es la madre de todas las ciencias, basándonos en la idea de que vivimos en un mundo matemático.

¿Por qué tendría que ser así? Los partidarios de un universo matemático me dirían que por ahora nos ha funcionado. Pero en mi opinión con las matemáticas sólo logramos aproximaciones muy acuradas.

La aproximación matemática es algo muy extendido, más de lo que creemos. De hecho cualquier dependencia matemática se puede siempre aproximar por una serie de términos más sencilla, (no entraré en el tema, para más informacíon: Series de Taylor o Series de Fourier). Con el tiempo se ha descubierto que todas las teorías físicas que se conocían hace algo más de 100 años no son más que una aproximación de las teorías que se conocen ahora. La dinámica clásica es una aproximación de la Relatividad Especial para velocidades bajas, la gravitación de Newton es una aproximación de la Relatividad General. Todo es una aproximación, ya se sabe que incluso la relatividad de Einstein no es más que una aproximación porque no tiene en cuenta muchos fenómenos físicos donde la cuántica es importante, como en los agujeros negros.

Los más optimistas piensan que algún día llegaremos a una teoría del todo, una serie de ecuaciones, postulados y constantes matemáticas que describirán todos y cada uno de los hechos del universo. Pero en mi opinión es esperar demasiado de una simple herramienta, que aunque ayudada por nuestra mente, no deja de ser eso.

Hay muchas cosas que las matemáticas no pueden explicar, aunque se haya intentado. En el arte existen ciertas pautas matemáticas, como por ejemplo la proporción aurea. Pero luego hay algo que nos sorprende, los movimientos vanguardistas demostraron que el arte no tenía por qué ser siempre algo matemático, jugaron con la abstracción, también con las proporciones matemáticas, no lo negaré, pero de un modo distinto. Jugaron con lo que es bello.

Y la belleza no es una cuestión matemática. No se puede decir que una mujer sea atractiva por tener una 90-60-90, hay algo más en ello, hay algo más que unas medidas y unas proporciones: hay una actidud. La belleza no son una serie de medidas, proporciones o matemáticas en general. Lo que es bello es lo que te hace sentir, y los sentimientos no son algo matemático.

Podemos explicarlos por reacciones químicas en nuestro cerebro, desequilibrios hormonales y otras miles de cosas, pero eso no son más que mecanismos físico-químicos que provocan respuestas emocionales a los estímulos. Lo que no es matemático es el por qué. No me estoy refiriendo a que lo que no sea matemático no puede ser científico, si no que deberíamos pensar en la posibilidad de que no toda la verdad puede ser medida.

Nuestro cerebro no computa las cosas matemáticamente como hacen los ordenadores, por eso la inteligencia artificial nunca será verdaderamente inteligente. Por eso a la ciencia se le escapa el funcionamiento del cerebro, porque intenta medirlo todo desde un punto de vista matemático como si la única respuesta estuviera ahí, y si nuestra mente es capaz de crear pensamientos no matemáticos como los valores morales, será porque en el universo no todo está basado en números.

Por eso, viendo que no todo en este mundo es deducible a partir de una fórmula, ¿cómo podemos ser tan presuntuosos de esperar que, en el universo, todo en el fondo se deduzca por ecuaciones matemáticas?

lunes 2 de marzo de 2009

¿Dónde están los límites de lo políticamente correcto?

Sé que no es la primera vez que hablo de ello, pero es que el tema lo vale.


Cuando hablo de lo políticamente correcto, me refiero a todo ese conjunto de normas de etiqueta a la hora de expresarse sin que a uno lo miren mal. Y no me refiero a las normas básicas de educación, que doy por hecho que están asimiladas.

Hay muchos ejemplos clásicos, como llamar a los negros gente de color o el uso de eufemismos para evitar toda palabra mal sonante: hacer el amor, acostarse, ir al baño, tocarse... y muchos más. Estos términos, aunque se sigan utilizando, ya no son tan necesarios. Poca gente se escandaliza si dices "es un negro" o si dices "voy a mear". Vamos, que no es tan grave.

Ahora, si me meto en terrenos más pantanosos. Cualquier crítica a una minoría, una religión que no sea la cristiana, otras razas... cualquier cosa así, es desechada y mal vista.

En un capítulo de House, había un paciente negro que tenía una enfermedad que por razones que desconozco sólo afecta a los de esa raza (Edito: según me corrige Helen, en ese capítulo no resultaba ser una enfermedad que sólo afectara a los negros, si no que tenían más predisposición genética a padecerla, es lo que tiene decir las cosas de memoria). La cuestión es que el paciente se quejaba luego de que el médico que lo había atendido era un racista por sugerir que padecía una enfermedad de negros. No era políticamente correcto decir que si estaba mal era debido a las diferencias raciales.

Si uno da su más sincera opinión diciendo que la religión islámica es incluso más mierdosa que la cristiana, la opinión general (la más progresista) te llamarán racista, cuando realmente los racistas son ellos por identificar a todos los musulmanes como gente profundamente religiosa, siguiendo un estereotipo falso.

He identificado el tema del que estamos hablando con los progresistas muy a sabiendas. Son ellos los que intentan evitar a toda costa parecerse a los fascistas, racistas asquerosos y apestosos, que huyen como sea de cualquier comparación. Por eso aquí en España se huye tanto del tópico del patriota que dice "Viva España" para cualquier tontería y parecemos identificar sin remedio como facha a los que enaltecen la bandera del país.

Pero he estado hablando de ejemplos que muchos de vosotros aceptaréis. Hay otros temas muchísimo más peliagudos. Podríamos hablar de la pederastia, por ejemplo, ¿dónde están los límites? ¿En qué momento pasamos de estar con una jovencita consciente de lo que hace a estar con una niña inocente? "15 años tiene mi amoooooor". Era una bonita canción del Dúo dinámico que hoy en día haría que se estirara de los pelos más de uno.

También es políticamente correcto, en el mundo más progre, decir que se está totalmente de acuerdo con la eutanasia y con el aborto, cuando son cosas que desafían los límites éticos de cualquiera. También es muy correcto políticamente decir que la marihuana debería ser legalizada, como tambíen lo es decir que el tabaco es una mierda que no debería ser probada, o, lo que es más grave, lo es tomarse unas cuantas copas de más de vez en cuando.

Entonces, ¿dónde están los límites? Esa es la verdadera pregunta. El problema es que los límites no están claros, es difícil diferenciar en qué momento se está siendo grosero o irrespetuoso o se está siendo educado, pero claro y conciso con las opiniones. Hay temas peliagudos con diversidad de opiniones en los que si uno se encuentra con una distinta a la aceptada en el mundo intelectual puede ver cómo es rechazado y tratado como degenerado.